Otra ronda de Thomas Vinterberg

Hay ciertas edades en la vida que están marcadas por ciertos imperativos culturales y sociales. A los cuarenta, uno debería estar casado, tener familia, un buen trabajo y una cierta estabilidad que diera pie a una vida donde todo debiese tener cierto control, que avizora certezas más que inseguridades. Pero la verdad es que el manoseado dicho de la crisis de los ’40 es real, aunque felizmente no para todos. La juventud como tal ha quedado atrás y se da paso a una especie de revisión, consciente o no, de dónde estamos, hacia dónde vamos. Si somos optimistas (o pesimistas, depende de cada cual el ángulo) estamos justo en la mitad de nuestra vida y cierto vértigo invade todo. Es lo que les sucede a este grupo de cuatro amigos que se dan cuenta que sus certezas en realidad son quizás parte del problema, y que algo falla en esa estabilidad aparente y que la falta de emoción los tiene sumidos en cierta pereza existencial. Los cuatro son profesores de un colegio y ven sus act...